Por Marat
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Por Marat
1.-Del objetivo compartido entre el Santander y Podemos al directivo de “la chispa de la vida” respaldando al partido de la alegría, pasando por la pareja del año 2014 Lomana-Monedero:
Hace algún tiempo vengo señalando en varios artículos que Podemos es
la respuesta que el capitalismo español necesita ante el agotamiento del
crédito político de los partidos de la alternancia (PSOE, PP),
entendiendo que el PP viene a ser heredero no sólo de AP, su matriz
política, sino de la UCD, la derecha que protagonizó los dos primeros
gobiernos de la transición política.
La primera
pista de que el capital apostaría por Podemos como una de las patas de
recambio gattopardiano del sistema de partidos español la dio la nueva
Presidenta del Banco Santander, Ana Patricia Botín, dando paso a un
continuum de parabienes empresariales que no se ha detenido hasta el día
de hoy. No quiero ser repetitivo respecto al enunciado de buenas
intenciones capitalistas hacia la formación del Círculo pero, si usted
lector desea conocer quiénes han sido los primeros en pronunciar un
posicionamiento favorable a la misma, tiene a su disposición un artículo
mío del mes de Noviembre de 2014 titulado “Podemos, la rueda de repuesto del capitalismo, votó a su macho alfa”.
Recomiendo su lectura porque el número y las credenciales capitalistas
de los amigos empresariales de Podemos es muy significativo.
“Tempus fugit”.
La velocidad con la que se desarrollan los acontecimientos en períodos
históricos convulsos ha hecho que ese listado de padrinos de los
podemitas haya quedado ya inevitablemente desfasado, habiéndose de
añadir otros muchos.
El Presidente
de Repsol, uno de los poderes empresariales más importantes del país,
Antonio Brufau, se manifestaba en los primeros días del pasado mes de
Diciembre a favor de “desdramatizar la posible llegada al poder de
Podemos”. Y a tal objeto apuntaba que “se han visto dos programas de Podemos diferentes, uno de corte bolivariano y otro de corte nórdico, más moderado”. Y acababa señalando:
“si al final gana Podemos, habrá que convencer o explicar a los
dirigentes del partido cuáles son las recetas que funcionan en todo el
mundo”. En Podemos lo saben, señor Brufau. Por eso encargaron ese
refrito minikeynesiano de buenas intenciones a los tenores de la
socialdemocracia vergonzante Juan Torres y Vicenç Navarro.
Más
recientemente algunos de los grandes empresarios del Ibex 35, entre los
que se encuestran Fernando Fernández Tapias, Florentino Pérez, José
Manuel Entrecanales o Juan Miguel Villar Mir, mostraban su interés en
mantener un encuentro con Pablo Iglesias y la dirección de Podemos. El
líder de esta formación ya les había enviado un mensaje a través de
Jordi Évole y su programa “Salvados”, en el que hace unos meses
fue entrevistado al afirmar que no se había producido ninguna llamada
por parte de representantes empresariales o financieros del gran
capital: “No ha ocurrido todavía, ni para intentar comprarme siquiera. Ni para hablar”.
La última vez que los empresarios del Ibex 25 se reunieron con Zapatero
en Moncloa éste impulsó los mayores recortes de derechos sociales de su
gobierno y meses más tarde planteó la reforma del artículo 135 de la
Constitución que consagraba la prioridad de honrar la deuda pública
española por encima de cualquier consideración social del gasto del
Estado y sus administraciones.
No quiero
olvidarme de Marcos de Quinto, el empresario Coca-Colero que se ha
convertido en el número 3 de la marca del jarabe USA a nivel mundial
haciendo méritos a base de despidos de los trabajadores de la marca en
España, de la que ha sido Presidente, y de agresiones verbales en las
redes sociales a los sindicalistas que trabajan en la marca, el cual ha
mostrado una notable simpatía por los podemitas y ha salido
reiteradamente en su defensa, agradeciendo al partido del señor Iglesias
sus desvelos regeneradores de la política española. El señor de Quinto
declaraba no hace mucho que “Hay un interés muy grande en tratar de encontrar algo sucio, lo que sea, contra la gente de Podemos.”.
El señor de Quinto recuerda al fiel podemita que, con un comportamiento
propio de secta, se niega a admitir que exista ese algo sucio en
Podemos. Lo cierto es que Internet es una gran hemeroteca y demuestra
cada día que lo sucio en ese partido no es “algo” sino muchos algos. Y
eso sin tener aún un solo concejal. El señor de Quinto sabe muy bien lo
que cabe esperar de Podemos: “Yo creo que si gana Podemos la gente va a seguir bebiendo Coca-Cola”.
Consciente de que quizá no se le había entendido bien, aclaró lo que
quería decir con esa frase con dos afirmaciones que despejan la duda
incluso a los más ingenuos:
“Vamos a seguir aquí en España y no hay ningún tipo de plan B por si gana Podemos”
“Yo el otro
día colgué un tuit con la famosa foto de la tortilla de Yáñez, Felipe
González, Chaves y Alfonso Guerra. Salvo por los pantalones, que eran de
pata de elefante, veo muchas similitudes entre aquellos jóvenes
socialistas y Podemos. Con el tiempo, el PSOE tuvo una gran capacidad de
adaptación y si eso le ocurre a Podemos, en caso de tocar poder, la
gente les perdería el miedo”
Y si los
grandes empresarios manifiestan sus inclinaciones hacia Podemos, éste no
es desagradecido hacia sus padrinos y muestra signos de aproximación
hacia le jet set del papel couché, como en su día hizo Miguel Boyer,
casando con dama filipina de alicatados baños. El señor Monedero ha
hecho su pequeño sacrificio intimando con la celebrity Carmen Lomana,
hija de banquero y viuda de millonario, que se le ofrece a plancharle
media docena de camisas para que vaya a las televisiones “niquelao”.
Más recientemente el señor Monedero comió roscón de Reyes con la señora
Lomana y un selecto grupo representativo de la derecha
pijo-capitalista. Ignoro si al señor Monedero le tocó el haba. Sospecho
que la reciente afición del profesor hacia la egiptología y la
arqueología se debe a su deseo de pisar las nobles alfombras palatinas
del capital, abriéndose paso hacia la casta de los poderosos y
demostrando que, aunque “parvenus”, no deben ser temidos por el capital,
si dama de tan alta alcurnia muestra sus debilidades por quien
considera “inteligente, cálido y agradable”, un Mimosín, vamos.
De hecho, esta tendencia hacia las antigüedades de señor Monedero parece
ser algo más que una mera iniciativa de la cúpula oligárquica podemita
para convertirse en política asumida por la organización que realiza ya
mercadillos solidarios en algunos de sus Círculos; mercadillos, eso sí,
más modestos que los que monta la señora Lomana. Ésta los organiza con
mensaje navideño y balance anual incluidos, como reina de vanidades que
compite con Felipe VI. La caridad que ella llama solidaridad la lleva a
sacrificar algunas pieza de su colección de moda para y recaudar así
algunos eurillos para que las madres pobres, que no pueden calzarse unos
calcos de Manolo Blahnik como dios manda, alimenten a su prole.
El proceso de
elevación de Podemos a alternativa de gobierno ha sido muy poco sutil.
No necesitaba serlo ni hacía falta mayor disimulo, dado el bajísimo
nivel de memoria histórica sobre la transición, el desconocimiento casi
absolutamente general de cómo se montó a mediados de la década de los 70
del pasado siglo, en tan sólo unos pocos meses, un PSOE prácticamente
inexistente, la ausencia de cultura política del ciudadano medio
español, el bombardeo mediático para elevar a este partido a categoría
de “Gobierno de Salvación Nacional” y el pancismo casi absoluto
de unas clases sociales medias y subalternas cuyas aspiraciones
políticas se limitan a la revancha frente a la mayoría de los políticos y
la vuelta a los buenos años del consumo despreocupado de masas.
Si a esto le
unimos el fanatismo mental de quienes han sido abducidos por el mensaje
de los salvapatrias y la creencia en que para revertir los cambios que
impone el capitalismo basta con la mudanza de gobierno y algo de
movilización en su apoyo (no mucho, no sea que la cosa se desmadre hacia
donde no se quiere ir. Lo justo para lograr el objetivo esperado) el
camino está rodado.
2.-¿Para qué sirven los flautistas de Hamelín en una crisis de las élites políticas?:
Vivimos
momentos de expectación dentro del largo bucle de la crisis capitalista.
Aparecen signos contradictorios que mezclan indicios de un período de
tímida recuperación dentro del ciclo largo depresivo, combinados con
otros de signo opuesto, que insisten en inminentes recaídas en la sima
más profunda, derivada de nuevas burbujas que pronto estallarán y de la
ralentización de la economía mundial.
Ningún gobierno que acepte el juego de la “legalidad democrática”
burguesa -juego institucional, juego legal y, fundamentalmente, juego
de los mercados nacionales e internacionales-, por “progresista” que
pretenda ser, está en situación de revertir la crisis capitalista como
tampoco los derechos económicos y sociales perdidos por las clases
trabajadoras de los países centrales del capitalismo que la cura de
caballo anticrisis les ha supuesto. La propia legalidad burguesa, que es
el de la dictadura del mercado, consagrada por las constituciones
nacionales de los países capitalistas y por sus aparatos jurídicos lo
impide. Si dentro del respeto a las formas de esa legalidad burguesa,
algún partido en el gobierno intentase forzar la situación, llegando a
realizar políticas populares que protegiesen a la clase trabajadora y a
otros sectores sociales golpeados por la crisis y revirtiesen algunas de
las medidas más antisociales en materia laboral y de protección social y
de derechos, las fuerzas del capital, los poderes fácticos a su
servicio, las cloacas de Estado, las instituciones internacionales, los
mercados internacionales y otros sistemas de “inteligencia” provocarían
tal desestabilización que harían caer a dicho gobierno como medida
menos traumática o provocarían un golpe de fuerza con apariencia más o
menos legal. El derrocamiento del Gobierno de la Unidad Popular de
Allende en 1973 marca los límites de la acción política respetuosa con
el orden establecido. Quien crea que esos tiempos ya pasaron es, como
poco, un desinformado. Los atentados de falsa bandera y las guerras de
cuarta generación se han dado hasta ahora en la periferia del sistema,
mientras los recortes legales a las libertades, el aumento de los
presupuestos para dotaciones policiales y la violencia represora del
Estado contra grupos políticos y sociales disidentes va en aumento en
Europa, a la par que se produce el crecimiento exponencial de los
partidos fascistas. La maquinaria está preparada para llegar hasta dónde
sea necesario.
Quienes deseen
llevar a cabo un programa realmente revolucionario, lo que nada tiene
que ver con otro inspirado en un tímido keynesianismo, deben saber que
sólo podrán hacerlo violentando las reglas del juego de la democracia
burguesa y eso significa un determinado grado de uso de la fuerza, el
necesario para impedir que la voluntad de transformación social sea
quebrada por los enemigos de la misma. Cada uno es muy dueño de
posicionarse como desee respecto al uso de cierto nivel de violencia
revolucionaria pero también cabe exigirle la coherencia de no pretender
hacernos creer que quienes asumen la legalidad capitalista finalmente no
acaban siendo lacayos del capital. Sé en qué país vivo, hasta dónde
llega la famosa indignación de la denominada “gente” y a cambio de qué migajas se les pasaría aquella. Pero sé también que el camino de la “desilusión”
está alfombrado de las renuncias de quienes creen en el poder mágico
del voto, en que basta con tener voluntad política y de las posiciones
que empiezan con la demagogia sesentayochista del “seamos realistas, pidamos lo imposible”
para pasar rápidamente al programa de lo realista y de la concreción,
como les gusta decir a los dirigentes de Podemos y finalmente, acabar
haciendo la política que exige el capital, como ya demostró el señor
Zapatero, cuya senda siguen ahora con inaudito entusiasmo y pasmosa
rapidez estos señores del Círculo.
No conozco a
nadie con suficientes cualidades de clarividencia que pueda vaticinar de
modo seguro cuál será el futuro de la economía española y mundial en
los próximos 3-4 años. Casi todos los que pretenden dar a entender que
entienden algo de rentas y riquezas de las naciones prefieren situarse
en escenarios más o menos posibles, más o menos previsibles. Hablan de
tendencias pero no parecen transmitir demasiadas certidumbres, salvo
Rajoy, sus ministros del área económica y algunos economistas liberales
que, a falta de realizaciones, venden optimismo como el que vende aire
puro del Himalaya embotellado.
En cualquier
caso, haya o no un cierto período de recuperación en España, la UE y
USA, que casi todos los expertos tienden a calificar como débil,
insuficiente o, en el mejor de los casos, moderada, lo que así parecen
evidenciar las crisis anteriores que han precedido a ésta desde 1973 y
la complejidad de la actual (altos niveles de desempleo y bajos de
consumo compatibles con altos beneficios corporativos en los 2-3 últimos
años, procesos de formación de nuevas burbujas, altos niveles de
endeudamiento público, períodos recesivos dentro de la crisis en países
centrales de la UE, riesgos de deflación, crisis alimentaria mundial,
crisis ecológica, crisis energética, etc), lo cierto es que se observa
que la teoría de los ciclos largos de Kondratieff de 50-60 años, con un
período alcista de similar duración al contractivo, ya no funciona.
Los períodos
de recuperación y crecimiento sostenido de la economía se han vuelto más
cortos y se muestran más débiles en los países centrales del
capitalismo, en tanto que los períodos restrictivos se alargan y tienden
a mostrar causas estructurales y sistémicas cada vez más profundas.
Ello evidenciaría, como señala Jorge Beinstein, que el capitalismo
parece haber entrado en una etapa senil. Con esta afirmación no me estoy
apuntando a ninguna versión de la tan negativa y desmovilizadora teoría
del derrumbe. Ningún sistema económico ha caído sin unas crisis
sociales y conflictos que lo empujen, salvo sabotaje premeditado de las
élites dirigentes. Y eso en estos momentos no sucede por ausencia de
proyecto político revolucionario, aceptación del sistema de dominación
por sus víctimas y desvío de la crítica de la desigualdad económica a la
instancia política de representación.
Sea como
fuere, y más allá de las alaracas propagandísticas de gobiernos
conservadores, liberales y social-liberales, lo cierto es que hay
indicios confusos y contradictorios de una débil recuperación económica,
seguramente breve en el tiempo, que en España podría concretarse en
cuestiones como un cierto repunte del empleo precario y de baja calidad,
una moderada reactivación del consumo que el gobierno del PP
incentivará con un irresponsable descenso del IRPF que podría
incrementar la deuda pública, con el consiguiente incremento en el
desmantelamiento de este sector y de los servicios sociales, un modesto
aumento del crédito y un ligerísimo alza de los salarios, lo que se hace
imprescindible si se pretende la citada recuperación de consumo y de la
actividad económica.
Pero esa
recuperación tendrá unas bases nada sólidas, muy ligadas a sectores
especulativos -ya se vuelven a ver las grúas en el paisaje de las
grandes ciudades-, no se traducirá en empleo de calidad sino en uno aún
más precario del ya precario que abundaba antes de la crisis y de rápida
destrucción ante una contracción económica, y con riesgos de formación
de nuevas burbujas no sólo financieras, lo que se traducirá muy
probablemente en un rebrote posterior de la crisis que producirá caída a
plomo posterior de la economía.
Mientras
tanto, los sectores de las clases medias que vivieron el dorado sueño
del consumo y que ahora se ilusionan con proyectos ciudadanistas que les
hablan de la pública inversión keynesiana, que permita la recuperación
económica y la vuelta a la modorra de su antaño cómodo estilo de vida,
vivirán por un breve tiempo la esperanza de retorno a los felices
tiempos de la tarjeta visa echando humo. Pero la clase trabajadora que
en el pasado fue mileurista y hoy es seiscientoseurista seguirá ajena a
los programas de salida de la crisis, ya vengan de la derecha
ultraconservadora, la social-liberal o la neofalangista empoderada
porque apenas han existido fuerzas políticas y sindicales que hayan
combatido por ella ni están en la mente de los partidos del sistema.
El encumbramiento mediático de la secta podemita y los apoyos empresariales que recibe tienen su razón de ser.
Más allá de
que potenciar a Podemos sea un modo de dividir el voto antiPP, lo que es
cierto pero no deja de ser un asunto anecdótico menor ante la evidencia
de que todo partido que acepte las reglase del juego legal, aceptará
finalmente las órdenes del capital, porque lo legal comprime lo que es
posible hacer y evita oponer la fuerza frente a la violencia del
chantaje capitalista, lo cierto es que Podemos es una buena opción para
el sistema económico desde diferentes escenarios de futuro posibles.
En un posible
marco de recuperación económica, ni siquiera un descenso de la agitación
política y social permitirían al PP o al PSOE gobiernos sólidos y
suficientemente estables. Son opciones “quemadas”que, aunque
pudieran llegar a gobernar lo harían con mayorías exiguas e
insuficientes. Por este motivo, la existencia de partidos comodín que
sirvan para dar juego a un sistema político un tanto avejentado, pero
mucho menos caduco de lo que algunos afirman, “regenerar” el
espíritu de pactos y consensos (por mucho que hoy lo nieguen quienes van
de alternativos y antipactos), una vez desechadas como negativas las
mayorías absolutas y el bipartidismo, sería de gran utilidad sistémica.
Por mucho que se afirme que abrir el abanico parlamentario es
desestabilizador para la formación de mayorías suficientes, más
desestabilizador es que éstas se conformen sobre gobiernos de coalición a
partir de partidos muy desgastados Ciudadanos y, principalmente,
Podemos cumplirían ese papel de flancos “complementarios” de los dos
partidos históricos, PP y PSOE, por mucho que el partido del Círculo lo
niegue. Se ha cerrado de tal modo el camino de posibles alianzas que, si
no gana las elecciones con mayoría suficiente, y no las ganará, pasará,
más temprano que tarde, a ser muleta de otros, siempre que la situación
política no se desestabilice y haya un período de cierta recuperación
económica que le obligue aún más a jugar al posibilismo y el
pragmatismo, ya hipermoderado, más allá de su farsa gritona, y a
convertirse en partido útil y necesario, si no quiere quedarse marginado
del juego político.
En ese
escenario de reestabilización política y económica, Podemos participaría
de las mieles del poder político a cambio de actuar como cortafuegos de
diferentes factores potenciales de conflicto.
En su primer año de vida ya ha jugado su papel respecto a la movilización. El estúpido fetichismo de la ilusión de “cambio”
mediante el voto (término que en 1982 empleó el PSOE y que ahora usa ya
Podemos sin recato alguno) ha sustituido a la protesta social. 2014 ha
experimentado un descenso de las manifestaciones de un 70%. Por
supuesto, hay más factores que explican esta quiebra pero la
encantamiento de amplios sectores de la sociedad por la vía de la
podemitis aguda ha jugado su papel.
Frente a la
Reforma del Código Penal y de la Ley Orgánica de Protección de la
Seguridad Ciudadana poco, muy poco hemos visto protestar a Podemos,
salvo algún tuit perdido por ahí. Asegura la calma que también le viene
para su estrategia de sustitución de la lucha en la calle por la
idolatría del voto. Estoy convencido que los silencios podemitas son tan
elocuentes o más que sus palabras.
¿Qué decir de
la actitud de Podemos ante la forma de Jefatura de Estado? Empezaron
diciendo aquello de que Podemos no decidiría su posición ante la
dualidad Monarquía/República sino que se pondría detrás del “pueblo”,
fórmula indecentemente cínica de no adoptar postura. Boicotearon las
movilizaciones republicanas tras la abdicación de Juan Carlos I y se
negaron a sumarse a frente republicano alguno. Quizá aporte alguna pista
que Henar Ortíz, tía de la reina Letizia, o su ex marido Alonso
Guerrero, ambos hoy en Podemos y, cómo no, el interés que pone Pablo
iglesias al contarle en entrevista al señor Évole que “la reina Letizia tiene interés en conocerme”.
Veremos cómo al pasar los meses el proceso constituyente del que habla
el partido del Círculo se transforma, de dinámica político-social, en
uso explicativo del proceso interno de construcción podemita para,
finalmente, perderse “como lágrimas en la lluvia”.
Para el caso
de que la recuperación económica fuera un espejismo, tipo el de los
brotes verdes de Zapatero, sin apenas otra cosecha que diversos
pelotazos empresariales en obra pública, una cierta recuperación de la
construcción y muy temporal de la actividad bancaria a través de la
reactivación del producto hipotecario, y que, finalmente, la economía
terminase de caer a plomo, Podemos podría cumplir un papel distinto pero
mucho más lesivo para la clase trabajadora. El de convertirse en un
elemento no ya de desmovilización por pasividad y por sustitución de la
protesta en la calle por el fetichismo del voto sino de obstáculo a unas
luchas que vendrían, de nuevo, como ha sucedido en los últimos años,
del mundo laboral, ya sea de los sectores públicos o de las empresas
privadas. Esto se llevaría a cabo mediante tácticas de disuasión y freno
de las luchas; eso en el mejor de los casos. Para tal efecto nace un
“sindicato” al que los podemitas llaman “Somos sindicalistas”,
aparentemente ajeno a Podemos pero creado por miembros de dicho partido,
por lo que actuará como su correa de transmisión; un sindicato
verticalista, que integra a trabajadores y empresarios, más pactista en
su modelo sindical que los pactistas reformistas de CCOO y UGT,
partidario del modelo alemán de corresponsabilidad sindical y rechazado
no sólo por el sindicalismo pactista sino por el alternativo; un
sindicalismo en definitiva que también dejará desatendidos a los
trabajadores precarios y de las PyMEs, dado que sus objetivos se sitúan
en los grandes centros de la administración y de los servicios
(enseñanza, sanidad,…) donde su poder sindical pudiera lograr
interesantes beneficios personales para la neocasta sindical que
sustituyera a la vieja élite de liberados. No serán precisamente un
dechado de virtudes de lo que debe ser un sindicalista al servicio de la
clase trabajadora pero, por no serlo, serán bien recompensados si las
tensiones sociales se agudizan y el neosindicalismo cooperativo y
responsable podemita se emplea a fondo en buscar soluciones alternativas
“al conflicto” y a la huelga. De cómo es ya hoy el estilo
sindical podemita dan buena cuenta Sergio Pascual, secretario de
Organización de dicho partido y Auxiliadora Honorato, secretaria de
Acción Institucional de la misma formación. Como representantes
sindicales del SAT llevan dos años sin acudir a las reuniones de la
junta de personal de los servicios centrales de la Junta de Andalucía
por dicho sindicato, porque según ellos no sirve para nada, ello a pesar
de que para la realización de sus tareas de representación de los
trabajadores disponen de 40 horas mensuales remuneradas, a las que no
renuncian. Vamos, que traicionan la representación de los trabajadores
que les eligieron y dejan sin representación al SAT en dicha junta, que
sólo dispone de dos representantes, ellos. No parece su comportamiento
mucho más edificante que el de otros sindicatos que ellos critican. Al
contrario, parece que han aprendido bien la lección, de cómo no debe ser
el sindicalismo.
En el peor de
los casos, dentro de ese posible escenario de agudización de la crisis
capitalista, y tras la quimera de una débil y breve recuperación
económica, y si Podemos fuese llamado a gobernar (tras el hundimiento
del crédito y el consentimiento político-social del PP y el PSOE), no
por los votantes sino por los que dicen a estos lo que tienen que votar
-los medios del capital y otros creadores de opinión ya digerida-, esta
organización podría actuar de eficaz parapeto contra la recuperación de
la movilización y una posible radicalización de la clase trabajadora,
según fuese profundizándose la crisis.
Cuestiones
como el casi silencio de Podemos ante la Ley Mordaza, su pasividad ante
la TTIP (auténtica violación del derecho de los Estados al control de la
economía y de los derechos y conquistas de la clase trabajadora), para
la que ya ha previsto una tasa, lo que es un modo tácito de admitir
aquella, o su acercamiento a la policía, con Círculos específicos y con
inclusión de estos profesionales en cargos en otras asambleas de tipo
territorial, o a las Fuerzas Amadas, que también tienen Círculo en la
organización orientan el posible papel de Podemos en un escenario no
deseado por la clase capitalista, el de la agudización de su crisis y de
sus contradicciones.
La represión
contra la clase trabajadora por parte de una fuerza política que haya
sido aupada desde la irracionalidad de la “ilusión”, que nada tiene que
ver con la convicción racionalmente asentada, que llega como poder sin
cargas del pasado y con energías “frescas” podría ser una buena opción para un capital que pueda verse enfrentado a una elevación del ciclo de la lucha de clases.
3.-El giro a la derecha presentado como lo nuevo dentro de los “significantes vacíos” a rellenar según convenga:
El concepto de los “significantes vacíos”,
expresión que el peronista Ernesto Laclau copia de la jerga lacaniana,
como fórmula que permite aglutinar a diversas corrientes de opinión sin
identificarse con ninguna de ellas, es la gran coartada ideológica para
la llamada centralidad política de Podemos, que no es otra cosa que la
gran marcha de la organización hacia la derecha. Errejón, admirador de
populismos y peronismos, dirá de dichos significantes que son “susceptibles
de ser llenados por uno u otro contenido particular, en cuyo caso pasan
así a designar la nueva totalidad construida”. Y añade, divulgando a Laclau: “Justicia”,
“libertad” o “patria” son ejemplos de significantes tendencialmente
vacíos. En elaboraciones más recientes Laclau (200&) entiende que el
significante vacío por antonomasia es el nombre propio del líder que,
en los procesos más amplios, encarna y cristaliza la identidad popular”.
El líder, en nuestra terminología continental europea, podría ser,
porqué no, para Errejón, el caudillo, jefe, conducator, führer o duce.
En el caso de Podemos, los líderes “rellenadores” de los significantes vacíos, que entregan los mismos como Prometeo al “pueblo”, son los intelectuales que ellos mismos creen ser. Unos piensan, otros obedecen. Nueva división del trabajo.
Pero la
realidad es que esos significantes no han estado históricamente vacíos,
como pretendía el falsario Laclau, y con él su pupilo Errejón y la tuna
podemita del Círculo Complutense. Lo cierto es que categorías como
pueblo, nación, justicia, libertad o patria han estado sometidos a
procesos y significados políticos muy distintos según vengan de los
jacobinos y los cordeliers de la Revolución Francesa o de la reacción
posterior nacida del Thermidor francés. Pueblo, perversión del concepto
que muchos izquierdistas confunden con clase trabajadora, no es lo mismo
para estos que para un nacionalsocialista o un fascista, como sucede
con tantos términos, cuya categorización está sujeta a variables
ideológicas, políticas y, en muchos casos económicas, así como también a
una tensión dialéctica que hace que las categorías no sean nunca
estáticas. Tómese el término libertad. Para un liberal será ante todo un
valor individual que acaba concretándose, aunque no sólo, en la
libertad de empresa. Para un marxista es, ante todo, la superación del
reino de la necesidad desde la emancipación de la clase explotada como
colectivo.
Cuando se
soslayan las dimensiones histórica, dialéctica e ideológica desde las
que se sustentan las diferentes interpretaciones de las categorías que
conforman lo político, lo que se está haciendo es trampear los
significados de esos “significantes” que, al contrario de como afirman Laclau, Errejón y otros “teóricos” podemitas nunca han estado “vacíos”.
Otra cosa muy distinto es que ellos pretendan vaciarlos de contenido en
una especie de pirueta transideológica para rellenarlos de lo que en
cada momento les convenga, a fin de llevar el agua a su oportunista
río.
La cuestión se
agrava cuando se rehuyen, desde una simulada matriz popular, categorías
que operan en el plano de la realidad bajo el pretendido pragmatismo de
hacer más asequible el lenguaje al “pueblo” y de evitar dividir
su mayoría, olvidando que éste se conforma de intereses diversos y hasta
divergentes y opuestos. Así conceptos como clase social, clase
trabajadora o capital desaparecen en beneficio de falsas oposiciones “gente”/”casta”
que ocultan la razón fundamental de la desigualdad: que la producción
material de bienes y servicios es un hecho colectivo pero que el
beneficio que dicha producción genera es fundamentalmente individual
porque el auténtico poder que sustenta esa desigualdad se encuentra en
la dualidad propiedad de los medios de producción vs. trabajo asalariado
o en su ausencia, desempleo, que es otro modo de sufrir las
consecuencias de un régimen económico capitalista.
El objetivo de esa falsa oposición “gente”/”casta”
es el de distraer o esconder la realidad de que no es en la política
donde se producen la injusticia, la desigualdad o la pobreza sino en la
estructura económica que sustenta al sistema político, ya que es el
primero el que determina los límites constitucionales de aquél y no una
pretendida soberanía popular, la cuál actúa de mera “legitimación” de
aquél pero nunca cambia por medio del sufragio un orden social y
económico que acabe con la desigualdad y la explotación. Las
constituciones de economía social de mercado o Estados del Bienestar no
han sido más que matizaciones suavizadas de los sistemas políticos
liberales, soportados sobre economías capitalistas, breves paréntesis
históricos con tendencia a desaparecer en un proceso de concentración
capitalista de la riqueza, también en los decrecientes Estados del
Bienestar nórdicos, supuestos modelos de referencia para el mundo
podemita, que ya se ha apresurado a decir lo que algunos sabíamos hace
tiempo: que Venezuela no es su modelo. Hasta los países llamados del
socialismo del siglo XXI, entre otras causas por su aceptación de las
reglas del juego del sistema político liberal, no dejan de ser países
capitalistas, con un mayor intervención del Estado en la economía y con
una mejor redistribución e igualdad económicas pero regidos por los
principios de la eufemísticamente llamada economía de mercado.
Todo esto no
debiera ser un secreto si entendemos que el capitalismo es preexistente a
las “revoluciones democráticas” de finales del siglo XVIII y mediados
del XIX y que ha sido compatible con constituciones liberales puras, con
sufragios censitarios y universales, con sistemas de Estado del
Bienestar y con dictaduras militares y políticas.
Tenemos pues que la dicotomía “gente”/”casta” es un falso antagonismo que oculta que la llamada “gente”
está compuesta por clases sociales, con muy desiguales condiciones de
existencia y de posiciones en la estructura del poder económico y de la
propiedad. Como tal, “gente” es un agregado sociológico de muy
pobre significado, apenas diferenciable del término masa o multitud, las
cuáles, por cierto, son mediática y psicológicamente muy manipulables
desde el gregarismo básico al que apelan.
Ni siquiera es posible negar que la llamada “casta” no sea parte de la “gente”, en la medida en que ésta es una apelación al carácter plural de lo humano.
En el fondo, “gente” no es sino un modo más light, más desideologizado aún que las categorías de “nación”, “pueblo” o “ciudadano”, las cuáles son muy útiles para escamotear las diferencias sociales. Eso sin recurrir a ciertas acepciones de casta como
- Núcleo social
cerrado: desde la constitución original de Podemos en la Universidad, y
no sólo en la Complutense, sino también en otras (más del 80% de su
Consejo Ciudadano está formado por universitarios) hasta sus
antecedentes en el CEPS o Contrapoder, pasando por los comportamientos
endogámicos de becario “sólo-me-faltó-un-papel”, al que favoreció su
mentor en la dirección del trabajo no acabado ni finalmente entregado.
- Estamento
social al que se accede por herencia, lo que conecta con la teoría de la
reproducción de las élites. Ejemplos hay muchos de cómo una neocasta en
construcción nace de los huevos que pone la casta precedente. Me
limitaré a citar sólo algunos de ellos en Podemos y que van desde el
señor Íñigo Errejón, hijo de José Antonio Errejón, altísimo cargo de la
Administración Pública desde hace 30 años, que ha pasado por varios
gobiernos de distinto signo y también alto funcionario al servicio de la
Junta de Andalucía con el señor Chaves, hasta Pablo Bustunduy,
coordinador de Podemos en Bruselas e hijo de la ex Ministra del PSOE
Ángeles Amador, pasando por Gemma Galdón, hija de la ex diputada
autonómica, abogada y mujer de negocios María Dolors Clavell o Marc
Bertomeu, coordinador de Podemos Barcelona e hijo de Jordi Bertomeu,
Presidente de la Euroliga de baloncesto.
Y es que, al
final, esa neocasta formada por funcionarios de grado medio y alto -en
Podemos muchos-, universitarios con aspiraciones a catedrático o, en su
defecto, a élite política o a ambas cosas, opinadores a sueldo (Público,
El Diario, Infolibre y Cuarto Poder, tienen un buen puñado de ellos,
además de los tertulianos de las tvs), expertos en tecnologías de la
comunicación y la información, leguleyos y otros especímenes de la fauna
ciudadana y podemita tiene el reflejo de tratar de salvarse de la quema
de esa “clase media” en peligro de extinción por la vía del aventurerismo político. El 15M fue el ejemplo de cómo el malestar de esa “clase media” que, en pos del “¿qué hay de lo mío?”,
fue aprovechado por algunos de sus negados pero realmente existentes
líderes políticos para medrar profesionalmente a través del brillo
personal que les brindaron los medios de comunicación del capital, como
ahora se lo prestan a los líderes podemitas. Las teorizaciones de
algunos de aquellos indignados acerca de la comparación entre viejas y
nuevas clases medias expresaban el anhelo de salvar de la quema al menos
las apariencias de las que disfrutaron sus mayores.
El ficticio enfrentamiento “gente”/”casta”
supone el sometimiento al imperio del capitalismo como sistema, por lo
que elude (las diferencias antagónicas de clase), por lo que esconde (la
lucha de clases, que existe incluso cuando se produce sin la conciencia
de ejercerla) y por lo que niega, que la confrontación principal nace
de lo económico y no de lo político.
Desde la fuerte connotación política que los “significantes vacíos”, rellenados oportunistamente por estos líderes de la “gente”, dan al término “casta” es fácilmente visible que lejos de ir con su “proceso constituyente” a acabar con el “régimen del 78”, como ellos lo llaman, mediante una ruptura política, que no económica, Podemos se encamina a “abrir el candado de la Constitución” delicada y cuidadosamente, sin romper nada. Y pretende que lo hagamos “todos juntos”,
lo que indica que es consciente de que, aunque el poder económico,
fáctico e incluso de las alcantarillas del Estado sople sus velas, puede
que el souflé (mediático y de encuestas amañadas) se venga abajo más
rápidamente de lo que desearían (la imagen de Pablo Iglesias se
desdibuja por momentos) y deban compartir espacios de representación
política entre lo supuestamente nuevo (ellos y Ciudadanos) y lo viejo
(PP y PSOE), lo que tendría como resultado una segunda transición
pactada. Y lo dice alto y claro Pablo Iglesias, al salvar “cosas muy buenas de la transición”.
En este contexto, en el que nada será radical, empezando por lo político, y en el que en relación a lo económico ya ha afirmado Perry Anderson que “las propuestas de Podemos las podría firmar cualquier banquero”, expresiones tomadas de la protesta social como el obámico “si se puede” o “el miedo va a cambiar de bando” adquieren un carácter sainetero e incluso sarcástico que permite preguntarse qué narices pretenden decir de verdad con el “sí se puede” y si eso de “el miedo va a cambiar de bando”
no será otra cosa que un simple paso a la condición de parados, por
breve tiempo, eso sí, de unos centenares de políticos del PP y del PSOE
principalmente. Es el tiempo de las apariencias, la precesión de los
simulacros, que decía el postmoderno Baudrillard.
Lo cierto es que “la nueva política”
de Podemos tiene un estomogante hedor a cañerías atascadas. Oligarquía
interna de Podemos, centralización del poder, acceso al sanedrín
circular o a los vicerreinatos locales en función a la fidelidad
inquebrantable al líder espiritual y político, listas plancha,
ciberactivistas que sólo cuentan para pagar crowdfundings y otras
donaciones, aplaudir las ocurrencias de los líderes y hacer los bises en
las redes sociales, denuncias y luchas internas de poder en los
vicerreinatos que, en ocasiones, son más bien reinos de taifas,
pasteleos internos para ocupar puestos, palabrería hueca de contenidos,
búsqueda permanente del titular que lleva a improvisar diciendo la
primera tontería que aflora a la mente, dirigentes mediocres, pucherazos
en elecciones a cargos en los círculos locales,…
Para ocultar aún más la realidad de la lucha de clases, Podemos emplea un derivado de la raíz de su propio nombre – “poder”, cuál es el de “empoderamiento”, una modernez conceptual utilizada por los loros de repetición que ignoran el carácter de reformismo prosistema del término.
El llamado “empoderamiento”
es una expresión que remite al proceso de fortalecimiento espiritual,
político y social de individuos y comunidades pero que no cuestiona la
estructura del sistema político y económico sino que se limita a tratar
de paliar sus peores lacras, buscando la integración de aquellos en el
mismo mediante la participación en él.
Es llamativo que sean la Open Society Foundation del megaespeculador George Soros, la USAID (agencia injerencista vinculada con la CIA y otros servicios secretos USA), el Banco Mundial, la ONU
o la gestión empresarial grandes promotores del mismo. El objetivo,
pues, del empoderamiento es la mejora de las condiciones de vida de los
colectivos afectados por pobreza o marginación pero nunca acabar con el
sistema que los produce sino incrementar el consenso hacia el mismo.
En términos
ideológicos, el empoderamiento busca salidas que eviten el conflicto
social y es, por tanto, parte de la propaganda ideológica del sistema
capitalista. Un narcótico que “emporra”
Como cierre de
este apartado quiero señalar que es irónico que dos anuncios de sendos
bancos, que actualmente están siendo emitidos en las televisiones,
representen de un modo tan fiel la ideología dominante a la que Podemos
sirve con sus discursos involutivos.
El primero de esos anuncios es el de la Cuenta Nómina de ING Direct. El segundo se llama “Generación Encontrada”.
Es del Banco Santander. Les recomiendo encarecidamente que los vean
(pueden encontrarlos en youtube, si no ven ustedes mucha televisión),
sobre todo el primero de ellos, que le dará que pensar, si es que a
usted le gusta hacer este ejercicio y no limitarse a engullir la comida
que le dan ya digerida.
4.-De las bocas de los dirigentes de Podemos sale un olor a rancio potaje cuartelero y beato:
Podemos está actuando como ariete del españolismo más cañí, patriotero, ramplón y de pandereta que cabía imaginar.
Al inicial discurso patriota de Pablo Iglesias al inicio de la fundación de su partido, le sucedió aquello de “Yo soy español y no me gustaría que Cataluña se fuera pero quién soy yo…”.
Vino luego una andanada de posicionamientos políticos que han sido un
no parar: Ander Gutiérrez, de Podemos en Euskadi apelando a la teoría
del entorno del todo es ETA del juez Campeador Baltasar Garzón, acusando
a Jarrai y a Segui de “aterrorizar a todo aquél que no opinaba como ellos”.
Tras él, el entonces miembro de Podemos Estepona, Manuel Vallejo,
admirador de José Antonio Primo de Rivera, se despachaba en redes
sociales con discursos encendidos de un nacionalismo español que bien
podría haber salido de la boca de Sáenz de Ynestrillas. ¿Qué decir de la
corriente Podemos Unidos en Cataluña y del portavoz
antisoberanista de esta candidatura a las elecciones internas podemitas,
Enric Martínez, que acusaba a Guanyem de filosonacionalista y llamaba,
en plan Ciutadans, a buscar los votos de Podemos entre los votantes y ex
votantes del PSC, exigiendo que Podem se desvinculase de dichas
tentaciones? Luego vendría aquella andanada acusatoria de Pablo Iglesias
contra el dirigente de las CUP, David Fernández con aquella frase de “No me veréis dándome un abrazo con Rajoy ni con Mas”.
O vincular el soberanismo catalán sólo a CiU, soslayando que hay otro
de izquierdas, que no es sólo el de las CUP, sino que atraviesa en mayor
o menor grado a gran parte de la izquierda catalana. ¿Qué decir del ex
fiscal Carlos Jiménez Villarejo, que tildó de antidemocrática e ilegal
la consulta del 9-N?
No me voy a
olvidar de la callada por respuesta a la carta abierta de un militante
de la izquierda abertzale vasca a Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero
ante la convocatoria de la manifestación en defensa de los derechos
humanos de los presos políticos de Euskadi, pidiendo el apoyo de Podemos
a la misma. Respuesta final de Podemos: no asistencia a dicha
manifestación dejando, hipócritamente, que fueran sus bases las que lo
decidieran a título individual. Para entonces Monedero ya hacía tiempo
que en una entrevista en Radio Euskadi intentó salirse por la tangente a
todas las preguntas que se le hicieron sobre el derecho de Euskadi a la
soberanía, cerrando la cuestión, tras acusar de “casta” a los periodistas que le entrevistaron, con aquello de que “Podemos no se entretiene en minucias nacionalistas de quienes viven ensimismados”.
Cierto que en
cuestiones de “vertebración territorial” el señor Errejón tiene más
cuajo que el señor Monedero y que es capaz de aparentar defender el
derecho de catalanes o vascos a decidir pero, ¡ay amigo!, cuando
concreta se le notan las hechuras porque plantear que el ejercicio del
derecho de soberanía debe ejercerse en el marco de un proceso
constituyente no es tan distinto de lo que dice Rajoy cuando afirma que
sobre ese derecho deben decidirlo el conjunto de los españoles.
Como marxista
creo que la clase trabajadora no se liberará dividida por intereses
nacionales pero soy muy consciente de que lo mismo que basta con que el
miembro de un matrimonio quiera divorciarse sin necesidad de mutuo
acuerdo, un pueblo, del que una parte significativa del mismo siente que
vive bajo las condiciones de matrimonio forzado, tiene el derecho de
exigir su voz y el ejercicio del derecho a decidir sobre su
autodeterminación sin necesidad de que el resto de los territorios que
conforman el Estado se pronuncien sobre dicho derecho o de postergar sus
deseos a que otros avancen en procesos que siente ajenos.
Bajo este tipo
de discursos que van desde el patrioterismo y la afiliación de fuerzas
coercitivas -ejercito y policía- a su organización hasta el cinismo y la
ambigüedad calculada tan del estilo PSOE de los primeros años de la
transición, los silencios, omisiones, medias palabras, la alternancia de
varios discursos, según se hagan desde los territorios que plantean el
derecho a la independencia o desde Madrid, la proyección de un perfil
bajo, que evite pronunciamientos claros y rotundos, o la pervivencia de
apelaciones al patriotismo, por mucho que se busque enmascararlo desde
la resignificación de los “significantes vacíos”, lo cierto es
que Podemos se va a aproximando a marchas forzadas a posiciones sobre la
unidad de España que no distan demasiado de las que pueden mantener
UPyD o Ciudadanos, con los que comparte más cuestiones de las que
admite, lo que favorece su posición como opción en la que los poderes
fácticos ven un elemento vertebrador de España. Baste leer el regocijo
con el que determinados medios proclives a la “integridad” de
España acogen los pronunciamientos que enfrentan a Podemos con las
distintas tendencias nacionalistas catalana o vasca, ya sean éstas de
derecha o de izquierda.
Pero también la España de sacristía y devota de María está presente en Podemos y lo va haciendo de manera acelerada.
La cosa empezó
con aquello del Círculo Podemos Espiritualidad Progresista, dirigido
por el monje José Antonio Vázquez. Continuó con Juan Carlos Monedero que
pasó de escribir un artículo en abril de 2012 titulado “Concordato con la Santa Sede”
en el que defendía el laicismo de la II República, su prohibición de
las órdenes religiosas y de la dedicación de la iglesia a la enseñanza,
así como el hecho de que ésta estuviese obligada a pagar impuestos, a
ser profesor de la Universidad Potificia, defender el Concordato con el
Vaticano bajo el peregrino argumento de que, como el Vaticano es un
Estado, los acuerdos con los Estados no se denuncian. Al señor Monedero
le gusta tratar a todo el mundo como si fuese imbécil. El Vaticano no es
un Estado más. El Vaticano es un Estado teológico y con ningún otro
Estado teológico -desde luego no con Irán, por poner un ejemplo- se
establecen unos acuerdos que van mucho más allá de la representación y
que implican exenciones fiscales a la Iglesia Católica, enseñanza en las
escuelas, financiación a cargo del IRF y tantos y tantos privilegios
que ninguna otra religión tiene en un Estado que es aconfesional sólo
nominalmente.
Mención aparte
merece la devota y bochornosa caída en la papolatría por parte de Pablo
Iglesias. El entusiasmo con el que se desolló las manos en el
Parlamentó Europeo y los vítores eutusiastas que entonó hacia Bergoglio
de palabra y tuits resultaban doblemente ridículos, viniendo de quién en
un pasado que no es tan lejano, pero parece ya remoto, se había
confesado comunista y ateo. París bien vale una misa y el voto católico
una conversión más firme que la de Pablo de Tarso en su viaje a Damasco.
Sin duda, la luz cegadora se llamó cálculo electoral del caudal de voto
católico.
¿Debe
sorprendernos, entonces, que Infovaticana, uno de los órganos oficiosos
de la iglesia católica española en particular y de la jerarquía
eclesiástica vaticana en general trate con tanta amabilidad y a Podemos y
a sus líderes, debe sorprendernos que reconocidos católicos de
derechas, tales como Luis María Ansón o Juan Manuel de Prada se muestren
tan respetuosos con Podemos?. Este últmo aprecia la funcionalidad del
voto a esta formación como desahogo contra los políticos y señala,
acertadamente a mi juicio, que “es una marca blanca del sistema”.
En definitiva y
como conclusión general en relación con todo lo anteriormente expuesto,
Podemos será una opción servil y útil al capital, que se empleará a
fondo, como antes lo hicieron el PSOE y el PP, en responder a las
exigencias antisociales que éste pueda dictarle, si llega a gobernar, en
función de los intereses de aquél. Su programa político, lejos de
representar una ruptura con el orden establecido en la transición del
78, se limitará, en el caso de un cambio del escenario político más
general a una sustitución de siglas: PSOE por Podemos y PP por
Ciudadanos. En el caso de un cambio parcial de escenario, estaremos ante
un reacomodo de los dos nuevos partidos al alza dentro de las élites
políticas siervas del sistema capitalista. Una nueva generación de
políticos ambiciosos, cínicos y sin remilgos ni problemas de conciencia
respecto al papel real que van a jugar. La monarquía y la sacrosanta
unidad de España pueden dormir a pierna suelta por lo que a los nuevos
partidos al alza se refiere.
El ataque
ideológico a los fundamentos políticos de la izquierda continuará, con
la cooperación necesaria de los restos de la izquierda reformista que
sobrevivan (no hablo del PSOE, hablo de izquierda reformista) que desde
un Podemos que seguirá viajando al “extremo-centro”. Podemos
hubiera encontrado un escenario mucho más difícil para ser un torpedo
eficaz contra los valores de la izquierda si, cuando llegó la crisis,
esa izquierda reformista hubiera dado un giro hacia posiciones de
izquierda revolucionaria, hacia una organización de clase, abandonando
su claudicante y desclasado ciudadanismo, y hacia la ruptura de sus
compromisos con las reglas del juego político que impone el capital y
hubiera combatido frontalmente el discurso podemita cuando apareció, en
lugar de llorar por las esquinas porque hay intención de acabar con ella
y porque el partido del círculo se niega a converger con él. Tampoco ha
aprovechado la fase de desplazamiento que está sufriendo a manos de
Podemos para haber realizado, aunque tardíamente, ese giro ahora.
Probablemente,
amigo lector, esta crítica última a la izquierda reformista le lleve a
preguntarse porqué no he hablado de Syriza.
Lo cierto es que conozco mucho menos a esta coalición, a la que le gusta que traduzcan su nombre griego de “coalición de la izquierda radical”,
que a Podemos. La información sobre la política internacional nunca es
tan exhaustiva como la nacional. Pero sí puedo adelantarle algunas de
las cosas que conozco de la misma.
Cuando en
junio de 2012 se produjo el gran avance de esta coalición, tras la
repetición de las elecciones generales del mismo año, por imposibilidad
de que se formase un gobierno griego, Syriza ya hizo sus primeras
aproximaciones a las embajadas de algunos países de la UE en Atenas, así
como de los miembros del G20, que incluye a USA, con el fin de
transmitirles un perfil de formación política razonable y madura, capaz
de mantener los compromisos internacionales de un posible gobierno de la
misma.
En Enero de
2013, Alexis Tsipras viajó a Estados Unidos para establecer contactos de
alto nivel y dar una conferencia ante representantes de foros
económicos del capitalismo, invitado por The Institute For New Economic Thinking, una de tantas agencias injerencistas pantalla del megaespeculador internacional George Soros, que pastorea a los movimientos reformistas “progresistas”
en gran parte del mundo. Esta organización se encargó de pagarle el
viaje y la estancia al líder griego. En dicha conferencia intervino
también el máximo asesor económico de Syriza, Yiannis Milios.
Copatrocinadores de aquella conferencia fueron también el Levy Economics
Institute of Bard College, el Center for Global Legal Transformation,
el Richman Center for Business, Law and Public Policy y la Columbia
Hellenic Assocation.
Las buenas
relaciones entre George Soros y Tsipras tienen que ver, entre otras
razones, con la apuesta de Syriza, igual que de Podemos, por la emisión
de eurobonos, una herramienta financiera a las que se oponen Merkel y el
gobierno de Austria, porque haría depender demasiado la refinanciación
de la deuda de los países miembros de la UE de la economía alemana, por
lo que perjudicaría esta última. Soros ve en la emisión de eurobonos
una oportunidad de negocio ante la posibilidad de adquirir importantes
paquetes de los mismos. El hombre cuyas jugadas especulativas fueron en
el pasado la causa del colapso financiero del Sureste asiático y de los
ataques a la libra esterlina no desaprovecha una oportunidad de
negocio.
En los últimos
meses, al confirmarse el adelanto de las elecciones generales Syriza ha
redoblado sus esfuerzos para transmitir una imagen de alternativa de
gobierno responsable, ofreciendo pactar sus políticas con la UE,
limitando sus propuestas sobre la deuda soberana que en el pasado eran
de suspensión de la misma hasta la recuperación de la economía y el
empleo en Grecia a su renegociación y reestructuración y asegurando que
los inversores alemanes nada tienen que temer de sus medidas de
gobierno. Por supuesto, ante las presiones alemanas en contra de la
formación de un gobierno de esta coalición, Tsipras ha redoblado su
compromiso con el euro, lo mismo que ha hecho Iglesias, del mismo modo
que con la gobernanza mundial. Ha pasado de proponer la salida de su
país de la OTAN a sugerir que ésta ¡¡se disuelva por su propia
voluntad!!
Francamente, no veo grandes diferencias entre Podemos y Syriza, salvo que el segundo es un partido “ni de izquierdas ni de derechas”
y el primero una coalición de partidos trotskistas, maoístas,
eurocomunistas, ex comunistas y socialistas. En definitiva, una
izquierda que transitando desde un anticomunismo no confeso, ni tiene
por horizonte abordar una transición al socialismo ni se plantea un
gobierno radical de izquierdas, por mucho que se reivindique tal,
acabará siendo, caso de llegar a gobernar, que está por ver, porque
ganar unas elecciones no significa tener mayoría para gobernar, una de
tantas opciones posibilistas que no sacará los pies del tiesto.
Así pues ese
cacareado discurso de IU que enfatiza su sí a Syriza y su no a Podemos,
en mi opinión obedece a un oportunismo de cortos vuelos, que no es capaz
de distanciarse de su propio discurso reformista y que se agarra a
Syriza como necesidad de supervivencia, vía homologación política, en el
contexto internacional; a una Syriza que ya la sitúa como su segunda
opción de referencia española frente a los podemitas. El origen
diferente de Syriza respecto a Podemos no es garantía de nada que sea
beneficioso para la clase trabajadora y no hay aval en absoluto de que
un gobierno de Syriza en Grecia no fuera tan servil al capital como uno
de Podemos en España. En ambos casos hay indicios que así lo sugieren.
En cualquier
caso, un análisis más profundo del significado de Syriza en relación con
la crisis económica, la evolución política internacional y la
sustitución de los viejos peones políticos del capitalismo por otros
nuevos sería ya objeto de otro artículo.
Fuente original de la noticia: http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2015/01/podemos-nuevo-titere-del-gran-capital-y.html
En cualquier caso,
un análisis más profundo del significado de Syriza en relación con la
crisis económica, la evolución política internacional y la sustitución
de los viejos peones políticos del capitalismo por otros nuevos sería ya
objeto de otro artículo.
NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG:
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